Para tal trabajo tuvieron que venir tres personas con una grúa y dos camiones. Estuvieron unas seis horas currando para tirar semejante bicho. La que mejor se lo pasó fue Marta, porque le dejaron subir a la grúa hasta la altura de la copa del árbol, a unos 20 metros del suelo.
El momento culminante del día lo podéis ver en este vídeo.
Al día siguiente, sábado, Pat vino con dos colegas para terminar la faena con un maquinillo llamado wood splitter, que viene a ser un hacha mecánica que parte troncos a lo bestia. Aquí tenéis un momento sacado de las varias horas que nos echamos (y que no terminamos). Por cierto, lo más complicado no era partir los troncos, era hacer que llegaran hasta la máquina.
Todo esto me recuerda lo machote que me estoy haciendo en estas tierras. Eso sí, espero no llegar hasta los extremos de este tipo