O al menos eso es lo que está intentando el bueno de Pat Fisher, que me convierta en un hombre como Dios manda, dominador de las herramientas y el bricolaje. El pobre no sabe -bueno, creo que a estas alturas ya sí- que ha dado con un hueso duro de roer.
El caso es que necesitábamos una mesa para el jardín porque la antigua se nos rompió bajo la nieve el invierno pasado, y Pat se empeñó en que yo iba a hacer una con su ayuda... por supuesto, la hizo él y yo fui su pinche de cocina.
Aquí tenéis el vídeo que lo demuestra.
PD: No contentos con nuestra obra de ingeniería, unos días después hicimos dos bancos a juego con la mesa