Mostrando entradas con la etiqueta boda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta boda. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de enero de 2011

Jo, cuánto tiempo sin escribir...

Pues sí, la verdad es que llevamos un mes sin escribir. No es que no haya pasado nada en nuestras vidas en estos días, pero sí que es cierto es que con el tiempo pierdes la capacidad de sorprenderte ante cosas que antes te dejaban más con la boca abierta. Y aunque seguimos disfrutando de la vida aquí -y currando como enanos, que esto no es jauja-, tampoco tiene sentido hablar de lo mismo varias veces ¿no?

Este mes, una de las cosas destacables es que Pedriño cumplió cuatro añazos. Parece mentira, cuando llegamos era un bebé de año y medio, con chupete y pañal, y ahora es un hombrecito que se defiende en español, inglés y spanglish, según el momento. Por cierto, Marta también cumplió, pero en su caso unos veintipocos más.


Siguiendo con la crónica social, el otro evento del mes fue nuestra segunda boda americana. Se casó Verónica, una guapa valenciana que vino el mismo año que nosotros, con Joe, simpático y apuesto nativo de Rockford. Fue una ceremonia preciosa y en un entorno muy bucólico, una mansión victoriana. Además, Helena tuvo el honor de ser la flower girl, la niña que sale precediendo a la novia y echando pétalos de flores por el pasillo. Ni que decir tiene que lo hizo genial, muy metida en el papel.


Aparte de eso, tuvimos nuestro primer snow day del año, pero no fue por nieve sino por frío. A la hora de salir hacia el cole teníamos una sensación térmica de -32º C, así que pudimos disfrutar de un viernes en casa, calentitos al lado de la chimenea. Posiblemente no sea el último, porque está a punto de llegar la tormenta de nieve más bestia de la temporada, que se espera que nos deje 45 cm de nieve así, a la caída. Y encima, el maquinillo, mi querido maquinillo, pasó a mejor vida. No somos nada.

sábado, 17 de octubre de 2009

De boda

Este año, al ser el segundo, se nota que ya estamos más integrados en la sociedad local. El sábado pasado tuvimos nuestra primera boda americana. Se casaban dos compañeros de mi cole, ella americana y él de origen guatemalteco. Podemos decir que ha sido la boda más original a la que hemos asistido en nuestra vida, pues tuvo lugar en un barco por el río Rock (vamos que esta vez vadeamos el río de verdad).



El entorno era idílico, sobre todo ahora en otoño, que están todos los árboles impresionantemente bonitos. La ceremonia tuvo lugar en la cubierta del barco y suponemos que por el rito luterano, aunque debemos confesar que no lo tenemos muy claro. Como era una boda ¨bilingüe¨ los amigos por ambos lados leyeron pasajes de la Biblia en las dos lenguas, y les quedó muy chulo. Lo único que deslució un poco el evento es que hacía un frío de mil demonios y a la pobre novia le castañeteaban los dientes de lo lindo. Todo hay que decirlo, dos horas antes había estado nevando... la primera de la temporada. Para el banquete ya nos pusimos a cubierto bien calentitos.
La gran diferencia con las bodas españolas es que aquí se dice a qué hora empieza y ... a qué hora acaba, nada de quedarse hasta las tantas bailando El tractor amarillo con la corbata atada a la frante. Nuestra boda se desarolló entre las 4 y las 6 de la tarde, el tiempo que duraba el crucero, aunque también hay que decir que luego, ya en tierra, podías seguir la fiesta en un hotel local. Nosotros no nos quedamos al baile porque tuvimos que ir a casa de los Fisher a buscar a los retoños.

PD: Una semana antes yo había ido a la despedida de soltero, pero como dicen aquí, What happens in Vegas, stays in Vegas...