No sé si alguna vez habíamos comentado que aquí el Día del Trabajo lo celebran el primer lunes de septiembre, por aquello de evitar reminiscencias comunistas. Pues bien, en Rockford es cuando aprovechan para celebrar el festival On the Waterfront, al que volvimos a asistir sillas-de-cámping-en-ristre, como en años anteriores. Como ya dijimos alguna vez, es la única oportunidad de ver gente caminando por la ciudad, así que como para desaprovechar la ocasión. Además de diversos escenarios localizados en pleno downtown, hay atracciones y mucha comida y bebida.
Este año nos dedicamos casi en exclusiva al blues. La primera noche fuimos al concierto de Candye Kane, una joven blusera californiana con tanta energía y talento como kilos, y con una banda muy competente en la que destacaba la guitarrista Laura Chavez, la clon en imagen y sonido del añorado Stevie Ray Vaughan.
El sábado tuvimos la oportunidad de ver a otra leyenda viva del blues, Magic Slim, que a sus 73 tacos sigue de gira en gira, a pesar de que los años y el tonelaje (hombre, no es un tonel, pero tampoco es slim que se diga). Me impresionó mucho su versión del Catfish Blues, lenta y pesada. Aquí os dejo un trocito de su actuación rockfordiana.
La última noche, la del domingo, no teníamos muy claro adónde ir y al final acabamos en el concierto de la estrella mundial del pleistoceno que tocó este año: ni más ni menos que Billy Idol. La verdad es que había mogollón de gente, me sorprendió mucho que este tipo hubiera tenido tanta fama por estos lares como para que casi 30 años después de sus días de gloria se juntaran tantos nativos que conocieran sus canciones. Yo, quitando Dancing with myself y Rebel yell, debo reconocer que no conocía nada. Pero bueno, la compañía era buena , nos echamos unas buenas risas y rajamos un poco, que también cuenta.
Xa cho advertín, Flanagan: nunca debiches cruzar o Rock para ir ver á filla do boticario
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viernes, 17 de septiembre de 2010
domingo, 29 de agosto de 2010
Espíritu comunitario
Una de las cosas que nos gusta de vivir aquí es lo del espíritu comunitario. Aunque es cierto que en muchos aspectos esta es una sociedad muy individualista, no lo es menos que para otras cosas están acostumbrados a arrimar el hombro y echar una mano. Es algo que al principio, desde nuestra perspectiva europea, choca un poco. Nosotros estamos acostumbrados a que las administraciones nos lo den todo hecho. Aquí hay más la sensación de estar huérfanos de padre y madre (léase estado, autonomía, municipio, etc) y por tanto la gente tiene que buscarse la vida pidiendo ayuda, haciendo fundraisings, etc.

Como ejemplo de este espíritu colaborativo, os contaremos que ayer se construyó un parque infantil en el patio de mi escuela. Los fondos para comprar los columpios corrieron a cargo de diversas organizaciones y la mano de obra fue totalmente voluntaria. Hubo más de 400 personas que donaron parte de su tiempo (de 6,30 a 3) para contribuir a la causa. Había trabajos para todos los gustos y edades: desde poner tornillos, echar cemento, repartir comida y bebida, pintar, cuidar niños... Todo esto a más de 30 grados a la sombra a eso del mediodía.
Aquí tenéis un enlace a la noticia en el periódico local.
Por supuesto, como en cualquier ocasión en que se reúnan más de diez personas al aire libre por aquí, hubo música: primero un DJ local, después un grupo de profes de la escuela, y al final un grupo de música latina. Del primero y de los últimos no tengo fotos, pero de los segundos tengo un documento visual que os dejo aquí para que juzguéis por vosotros mismos. No seáis demasiado duros, que no viven de la música. Además son todos gente muy maja, especialmente el de la camiseta roja de los Chicago Fire.
Como ejemplo de este espíritu colaborativo, os contaremos que ayer se construyó un parque infantil en el patio de mi escuela. Los fondos para comprar los columpios corrieron a cargo de diversas organizaciones y la mano de obra fue totalmente voluntaria. Hubo más de 400 personas que donaron parte de su tiempo (de 6,30 a 3) para contribuir a la causa. Había trabajos para todos los gustos y edades: desde poner tornillos, echar cemento, repartir comida y bebida, pintar, cuidar niños... Todo esto a más de 30 grados a la sombra a eso del mediodía.
Aquí tenéis un enlace a la noticia en el periódico local.
Por supuesto, como en cualquier ocasión en que se reúnan más de diez personas al aire libre por aquí, hubo música: primero un DJ local, después un grupo de profes de la escuela, y al final un grupo de música latina. Del primero y de los últimos no tengo fotos, pero de los segundos tengo un documento visual que os dejo aquí para que juzguéis por vosotros mismos. No seáis demasiado duros, que no viven de la música. Además son todos gente muy maja, especialmente el de la camiseta roja de los Chicago Fire.
domingo, 25 de abril de 2010
Una noche con el Rey (Y que conste que no nos hemos vuelto monárquicos, ¿eh?)

Este año estamos disfrutando más de las oporturnidades musicales que se cruzan en nuestro camino. Ayer tuvimos la oportunidad de ver en directo al señor B.B. King y a su banda en la House of Blues de Chicago.
Como telonera iba una cantautora indie llamada Rachel Cantu, una chica maja a la que le agradecimos profundamente la brevedad de su actuación. Como bien dijo, ella ya sabía a quién habíamos ido a ver esa noche.
A la hora prevista salió la B.B. King Blues Band, un grupo de súper-músicos entraditos en años y kilos, que empezaron a caldear el ambiente hasta que, durante el tercer tema, entró en el escenario el jefe, le ayudaron a sentarse en una silla y empezó a cantar y tocar, ante el júbilo del personal. La verdad es que imponía ver a un señor de 84 años, tan orondo y amable como siempre, pero todavía con energía suficiente para seguir haciendo giras mundiales.
Uno tras otro, fueron cayendo grandes clásicos como "Blues man", "The thrill is gone" o "Rock me baby", entre vaciles con el público, piques con los músicos, y sus clásicos fraseos de dos o tres notas que alargaba y estiraba hasta ponerte los pelos de punta, con ese tono tan personal de la Gibson de cuyo nombre no quiero acordarme.
Dos horas después, mientras la banda tocaba el último tema, B.B. se despidió de todos y lanzó al público todas las púas y demás artículos de merchandising que tenía en los bolsillos. Después, con mucha ayuda, se puso en pie, se caló su sombrero, se puso la bufanda y la gabardina y salió del escenario. Sí señor, ahí iba una leyenda del blues.
No quiero terminar esta entrada sin dar las gracias a nuestro patrocinador: ni el concierto ni esta entrada del blog habrían sido posibles sin la colaboración de Altarriba babysitting Inc. (Muchísimas gracias, Carmen)
domingo, 27 de septiembre de 2009
... Y a continuación, unos minutos musicales
Una de las cosas que me gustan de este país es la música. Y no me refiero sólo a la música que pueden hacer por aquí, que hay de todo, como en botica, sino a la forma en qué la viven, a cómo está presente en su vida cotidiana.
En lo que llevamos aquí desde agosto pudimos disfrutar de varios de estos momentos. El primero fue un día en el que, para celebrar el no-se-qué aniversario de una manzana de edificios en el centro, cerraron un trozo de la State st durante unas horas, montaron un palco y pusieron a unos cuantos grupos de la zona a tocar. La cosa era lo más parecido a una verbena de barrio que nos vamos a encontrar por aquí, vamos, tipo barrio de la Milagrosa. La diferencia, ah, bendita diferencia, era que en lugar de versionear a Bisbal o la Pantoja hacían lo propio con los Rolling o Grand Funk Railroad. Y en vez de Paquito el chocolatero sonaba L.A. woman, que tampoco está mal. Otra cosa curiosa es que los grupos estaban formados por gente tirando a talludita. Vamos, que los temas los habían conocido de primera mano allá en su tierna infancia.
El segundo momento musical fue cuando fuimos al Waterfront, ya sabéis, el festival que hacen aquí en Rockford y que te permite ver gente por la calle durante tres días. Este año el cartel no era para tirar muchos cohetes (bueno, lo raro es que sí lo sea), así que sólo fuimos el viernes. El tipo que más nos gustó fue CJ Chenier, príncipe del zydeco, música popular originaria de Louisiana y que viene a ser como rhythm & blues tocado con acordeón y una tabla de lavar. De todas formas, como aquí lo de la música va muy asociado a comer y beber, no quiero dejar pasar la oportunidad de incluir el siguiente documento gráfico, recogido ese mismo día. Es un momento increíble, no sólo por la plasticidad del gesto técnico de comer la patata, sino por la cara de satisfacción de mi mentor, Peter Marley Griffin.

Nuestro último momento musical fue ayer. Fuimos a Chicago a ver a la Dave Matthews Band. Son unos tipos a los que sigo desde hace varios años, aunque no muy de cerca, la verdad sea dicha. Pero bueno, me parecían lo suficientemente interesantes como para desplazarnos hasta allí (además, no creo que vayan a ir en los próximos años al San Froilán) y no me defraudaron.
El próximo evento es dentro de un mes. El sr Dylan tiene a bien acercarse a Rockford a tocar.
En lo que llevamos aquí desde agosto pudimos disfrutar de varios de estos momentos. El primero fue un día en el que, para celebrar el no-se-qué aniversario de una manzana de edificios en el centro, cerraron un trozo de la State st durante unas horas, montaron un palco y pusieron a unos cuantos grupos de la zona a tocar. La cosa era lo más parecido a una verbena de barrio que nos vamos a encontrar por aquí, vamos, tipo barrio de la Milagrosa. La diferencia, ah, bendita diferencia, era que en lugar de versionear a Bisbal o la Pantoja hacían lo propio con los Rolling o Grand Funk Railroad. Y en vez de Paquito el chocolatero sonaba L.A. woman, que tampoco está mal. Otra cosa curiosa es que los grupos estaban formados por gente tirando a talludita. Vamos, que los temas los habían conocido de primera mano allá en su tierna infancia.
El segundo momento musical fue cuando fuimos al Waterfront, ya sabéis, el festival que hacen aquí en Rockford y que te permite ver gente por la calle durante tres días. Este año el cartel no era para tirar muchos cohetes (bueno, lo raro es que sí lo sea), así que sólo fuimos el viernes. El tipo que más nos gustó fue CJ Chenier, príncipe del zydeco, música popular originaria de Louisiana y que viene a ser como rhythm & blues tocado con acordeón y una tabla de lavar. De todas formas, como aquí lo de la música va muy asociado a comer y beber, no quiero dejar pasar la oportunidad de incluir el siguiente documento gráfico, recogido ese mismo día. Es un momento increíble, no sólo por la plasticidad del gesto técnico de comer la patata, sino por la cara de satisfacción de mi mentor, Peter Marley Griffin.
Nuestro último momento musical fue ayer. Fuimos a Chicago a ver a la Dave Matthews Band. Son unos tipos a los que sigo desde hace varios años, aunque no muy de cerca, la verdad sea dicha. Pero bueno, me parecían lo suficientemente interesantes como para desplazarnos hasta allí (además, no creo que vayan a ir en los próximos años al San Froilán) y no me defraudaron.
El próximo evento es dentro de un mes. El sr Dylan tiene a bien acercarse a Rockford a tocar.
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