Con dos horas y media de retraso - ¿a quién se le ocurre viajar en viernes santo?- llegamos a San Francisco a eso de las tres y media de la tarde. Como llovía algo, fuimos a descansar un rato y después aprovechamos que tenemos el hotel al lado de Chinatown para ir a dar un paseo por la zona. Para finalizar el día, una cenita en un pub irlandés que tenemos aquí al lado y a dormir.
Ayer empezamos la sesión pateo de la ciudad. La verdad, es fácil entender por qué Karl Malden y Michael Douglas estaban tan delgaditos en Las calles de San Francisco. Las míticas cuestas del centro de la ciudad se convierten en Tourmalets cuando les añades dos sillitas de niño (le trajimos una a Helena en plan apoyo logístico), pero el castigo físico quedaba compensado con la belleza de lo que veíamos. ¡Qué bonito es San Francisco!
Entre colina y colina llegamos a Pacific Heights, la zona de las casas victorianas "para pobres". Desde allí bajamos hasta Haight Ashbury, el barrio hippy donde muchos jovenzuelos compartieron sexo, drogas y rock and roll en el famoso Verano del Amor, en 1967.
Después de reponer fuerzas con unos deliciosos crepes y bocatas (¡en pan de barra!) regresamos al hotel cruzando la bulliciosa Market St (foto siguiente). Tras un rato de descanso, fuimos a cenar por la zona y a dormir, que nos lo pedía el cuerpo.
No estuvo mal para el primer día. Así, a bote pronto, podemos decir que lo que vimos nos gustó mucho, pero eso ya lo esperábamos. Lo que nos sorprendió más, teniendo en cuenta que venimos del Mid-West, es la combinación de "mucha-gente-haciendo-deporte" con "restaurantes-con-comida-sana", que equivale a... gente delgada


